San Marcos Sierras es una de las opciones. A 130 kilómetros de la capital cordobesa, este pueblo fue cuna de una de las primeras comunidades hippies argentinas. Hoy las calles siguen siendo de tierra, no hay semáforos ni cadenas comerciales, y las luces artificiales se mantienen al mínimo para preservar el cielo nocturno. Daniel "Peluca" Domínguez creó ahí el único Museo Hippie del mundo, que funciona hace más de 25 años en una construcción con forma de hongo.
El pueblo fue declarado libre de transgénicos en 2004 y la economía local gira alrededor de la miel orgánica, las aceitunas, el queso de cabra y la feria de artesanos frente a la plaza Cacique Tulián. El río Quilpo, a cuatro kilómetros por camino de ripio, tiene ollas naturales donde es posible nadar con tortugas de agua dulce.
Más al sur está Villa Tulumba. Se encuentra a 150 kilómetros de la capital, sobre el camino que antes era el Real que conectaba el Atlántico con el Alto Perú. Tiene la mayor cantidad de casonas coloniales de la zona norte cordobesa.
La Iglesia Nuestra Señora del Rosario se construyó en 1882. Su interior conserva un tabernáculo barroco y pinturas del artista Martín Santiago. Pero lo más llamativo es la casa de la familia Reynafé, donde se planificó el asesinato del caudillo Facundo Quiroga en Barranca Yaco en 1835.
Pueblo Escondido, al pie del Cerro Áspero y en el límite con San Luis, es la tercera parada. Fue un asentamiento minero construido a fines del siglo XIX, abandonado alrededor de 1969. Se restauró recién en 1995 para el turismo de aventura..
El Salto del Tigre es una cascada de 22 metros que cae sobre una olla de agua transparente. Es el punto más fotografiado, pero lo que de verdad vale la pena es el silencio del camino, entre tabaquillos y arroyos que aparecen de la nada.
Los tres lugares no están pensados para el turista que quiere todo resuelto. Y eso, para cierto tipo de viajero, es exactamente el punto.